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Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).- El teatro Memorias nos invita a entrar a las profundidades de las relaciones humanas donde hombres y mujeres asumen el papel en el teatro del “orden jurídico”- superestructura del sistema socio-económico-, garante del teatro de la “moral” y el teatro del poder político-factico.
 
La obra que el director Tito Ochoa nos lleva a escena fue escrita en la Francia de posguerra (1950) por el escritor Marcel Aymé, exponiendo sin atadura los perfiles de los humanos encargados de aplicar “justicia” enfrentándose a contextos de intereses y de sus propias contradicciones como individuos sujetos al orden y la hipocresía, la mentira y la pasión. 
 
En Honduras, como en el mundo entero, los fiscales al mejor estilo de la técnica de actuación de la “psicotécnica” de Konstantín Stanislavski asumen su perfil de pulcros y “moralistas” ejecutores de “justicia”, aunque su actuación tiene diversas facetas, distanciamientos y trapas en un escenario multidimensional. La teatralización del fiscal parte de su origen al ser nombrados por los dedos de poder y negociantes de la nación. El juego dramático es simple, imponer justicia a la clase trabajadora por todo el delito habido y por haber, mientras las elites gozan del beneficio del desdoblaje de actor/fiscal quien engaveta y agacha la cabeza ante sus jefes.
 
Cuando en 2008 en Honduras un grupo de fiscales se alzaron contra los jefes de escena, emisarios de las estructuras de dominio salieron a defender “el orden” o lo que con pecho inflado llaman “Estado de derecho”. Los fiscales son al final prisioneros de los mandatos y componendas por garantizar el orden socio-económico y, por ende, de grupos partidarios en plena “situación dramática” representando a los “bufones” de la corte y las misiones del FMI y similares. 
 
La obra “Fiscales en Apuros” tiene como protagonista a los actores Inma López, Jean Navarro, José Luis Recinos, Oscar Quiroz, Marey Álvarez y Fabricio Raudales, quienes interpretan a personajes de nuestras entrañas humanas, de nuestro paraje hondureño. Sentimientos humanos y apariencia social enmarcan la situación escénica. La fama, el dinero y la reputación enfrentan a la amistad y los valores de convivencia. El estigma es una barrera para juzgar e imponer la “justicia” en los salones “sacrosantos” de los juzgados, mientras una realidad de la relaciones humanas desembocan en momentos de libertad sutil y silenciosa, aprobando lo que algunos llaman “doble moral”. 
 
Los personajes nos acercan tanto a la escena mostrando con sus diálogos a una especie de “escenografía de fondo” donde se perciben las estratagemas hipócritas de las elites políticas y económicas poseedoras de monopolios, quienes se jactan de ser campeones en la impunidad. Cartas de libertad hacen compas a los escándalos de defraudación y concesiones leoninas al servicio de grupos financieros.
 
En la obra teatral el fiscal Mancilla (Oscar Quiroz) tras lograr condenar a muerte a Víctor Gallardo (Jean Navarro) acusado de homicidio regresa a su casa lleno de “gloria”, como macho triunfal que sostiene moralmente su hogar y su prestigio de mujeriego, sin esperar la trama que se le avecina cuando su amamante (Inma López), su esposa (Marey Álvarez) y su colega, el magistrado Batres (José Luis Recinos) se ven envueltos en una reveladora convivencia sexual -transgresora en el silencio-, comprendiendo que el condenado es inocente pero que hay que garantizar las apariencias y buscar un nuevo “chivo expiatorio”, para ello los abogados involucrados en mantener su reputación buscan desesperadamente una solución en la que la esposa del magistrado Batres decide contratar sicarios –que operan en los aparatos armados del Estado-, pero el plan fracasa y finalmente la trama se desenvuelve en la oficina del “Jefe de la mafia”, quien por conveniencia y para imponer respeto entre sus matones da el visto bueno para que metan preso al verdadero asesino.
 
El telón se cierra al ritmo de nuestras alegrías sujetas a tentáculos de disciplina y control, invitándonos a reflexionar sobre nuestra esencia humana y las necesidades de construir una sociedad más razonable y equitativa.