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En pleno centro de una de las avenidas más concurridas por los centroamericanos nacidos en el Estado de Honduras, yace postrado un ser humano de 20 años. Junto a su madre aún se aferran a la esperanza de la vida.
Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).-  Alba Chirinos Coello no sabe leer y escribir. Viaja día a día desde el sector conocido como la montañita, situado a escasos kilómetros de la capital de Honduras. Trabaja como barrendera en la ciudad de Tegucigalpa, gana el salario mínimo (5,550 lempiras, 275 dólares) mensuales. Chirinos narra que le deben dos meses de salario, y como todo barrendero de la capital no tienen ningún tipo de derecho laboral de parte de la alcaldía municipal.
 
Con 55 años de edad el trabajo duro en que se ha desempeñado se hace sentir sobre su cuerpo, ya que la artritis entre otras enfermedades le comienza a debilitar su estado físico, para seguir trabajando por su hijo de 20 años, quien se encuentra postrado en una improvisada cama de cartón. Los fines de semana, Alba Chirinos se sitúa en medio de la peatonal de la ciudad de Tegucigalpa, para recurrir a la caridad de los que allí transitan, para poder mantener los gastos médicos, comida, y demás necesidades de su hijo.
 
Junto con su hija mayor colocan un pedazo de cartón que sirve como cama a José Matute Chirinos, quien desde que tiene cuatro días de vida, una terrible meningitis y hepatitis, se adueñaron de su cuerpo, dejándolo postrado. La falta de una vacuna que en 1993 se escaseo en los centros de salud de Honduras, fue la causante de que su hijo, quedara postrado, según el relato de la madre Alba Chirinos. Nunca ha tenido el apoyo de alguna organización benéfica o gubernamental, dijo resignada la madre. Chirinos lamenta que en un centro asistencial conocido como “Teletón” no le asistiera a su hijo.
 
El joven José Matute, ahora de 20 años, sobrevive con su madre y su hermana en medio de la calle, esperando que un transeúnte deposite un lempira (0.5 centavos $), en una pequeña caja, que su madre ha colocado a la par de donde se encuentra postrado. La visión perdida de este ser humano, irradia la compasión de algunos que se detienen a depositar, comida, medicinas o dinero para ayudarle a sostener los ojos abiertos, y seguir respirando un poco más el aliento de vida, que gracias a su familia, lo sostiene.
 
Silla de ruedas
                                                                            
Los sábados y los domingos son los días que la esperanzadora madre ocupa para situarse en medio de la peatonal de Tegucigalpa para poder ajustar un poco el dinero que gasta cada semana (1,500 lempiras, 75 dólares), y comprar de estar forma, los utensilios que ocupa este joven convaleciente. Chirinos, sostiene la esperanza que en algún momento podrá comprarle a su hijo una silla de ruedas especial, puesto que en los últimos años lo ha mantenido en camas improvisadas con el material que solo un pobre puede poseer, para improvisar su supervivencia.
 

Al conversar con Chirinos una transeúnte se detuvo a depositar una ayuda, diciéndole “tenga fe en Dios, todos somos creación de nuestro padre, y el que ama a mi hermano me ama a mí, tenemos que pedir dirección de Dios” el transeúnte quien no quiso revelar su nombre termino diciendo; “que en los hospitales  no hay medicinas por los malos gobiernos que ha tenido Honduras”.
 
“Yo amo a mi hijo, por eso trabajo barriendo las calles de esta ciudad de lunes a viernes y los sábados pido la solidaridad del pueblo que camina por las calles”. Menciono con tono enérgico y entrecortado la madre de 55 años, Alba Chirinos, mientras otras personas le dejaban jugos, alimento, y un poco de dinero en su pequeña caja de cartón.
 
Esperanza de Solidaridad
 
Para traer a su hijo desde el sector de la montañita hasta el centro de Tegucigalpa, es una travesía que requiere fuerza, empeño y fe, ya que ella junto con su hija cargan a José Matute, cuyo padre murió hace tres años, y sólo ha quedado con el apoyo de su madre y su hermana mayor. Esta travesía tiene un costo de 200 lempiras, (10 dólares), cada vez que transporta a su hijo hasta el centro de Tegucigalpa, mediante un taxi que tiene contratado. Alba Chirinos habla a través de este medio de comunicación no para dar lastima como dice ella, al contrario para seguir luchando hasta obtener una silla de ruedas especial para su hijo.
 
La esperanza de algún ser humano que habita este territorio al que llaman Honduras, para que done una silla de ruedas especial para su hijo, u obtener el tratamiento adecuado y humano que necesita, es el llamado que hace esta madre incansable, Alba Chirinos, quien nunca pierde la fe, que su hijo se recuperará. Alba Chirinos, madre de José Matute Chirinos.