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Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).- Para José Javier, uno de los 16 sicarios del “Narcodiputado”, aunque el crimen ocurrió hace un poco más de cuatro años, ni el condenado es el ejecutor del asesinato de Alfredo Landaverde ni las causas esgrimidas son del todo ciertas. Él asegura que los hechores materiales andan libres, aunque uno de ellos ya fue asesinado, y su jefe, el narcodiputado si fue quien dio la orden de liquidarlo.
 

Gustavo Alfredo Landaverde Hernández, fue asesinado a balazos la mañana del 7 de diciembre de 2011, en la colonia 21 de Octubre de la capital hondureña, su esposa Hilda Caldera, que lo acompañaba en el vehículo, sobrevivió con una herida leve en la espalda. 
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La causa del crimen –según el gatillero- fue porque conocía perfectamente las acciones de su hechor intelectual, el narcodiputado.
 
Uno de los autores materiales, Marvin Noel Andino Mascareño, fue condenado a 22 años de prisión por ese crimen, aunque nunca admitió la comisión del delito.
 
La Sala Dos del Tribunal de Sentencia con Jurisdicción Nacional, condenó a Mascareño a 22 años de reclusión por asesinar a Alfredo Landaverde, y pronto la Fiscalía le iniciará proceso por el intento de asesinato de Hilda Caldera.
 
Según Hilda Caldera, esa mañana de diciembre, como lo hacían siempre, salieron de su casa ubicada en la carretera a Valle de Ángeles, a realizar unas diligencias a la capital hondureña.
 

Cuando venían por la intercepción entre la 21 de Octubre y la colonia Izaguirre, sintió que el carro se detenía despacio y además sintió algo en su espalda, pero francamente no escuchó los disparos.
 
Miró a su esposo, que conducía el auto sin polarizar, estaba sobre el volante, muerto, luego alcanzó a ver a Mascareño, de espaldas, no le vio la cara, pero ella asegura que de espaldas es el, porque “es difícil olvidar a alguien que tiene los hombros caídos como Mascareño”.
 
Eran dos sujetos en motocicleta, el conductor con casco, y Mascareño sin casco que era el que presuntamente disparó.
 
Pero sumado a ese testimonio, al menos dos testigos más si le vieron el rostro, y juraron ante los jueces de sentencia que es justamente Mascareño.
 
A parte de los testigos, la Fiscalía no pudo presentar evidencias científicas que establecieran que Mascareño era el culpable, pero tampoco el imputado, quien tenía antecedentes criminales y que hasta usaba el nombre un primo para disfrazar sus actuaciones, pudo demostrar que no mató a Landaverde. 
 
Testigos como Santos Escoto, tío del preso, aseguraron que Mascareño ni siquiera estaba en la capital el día del crimen. El Comité por la Libre Expresión (C-Libre) constató que Mascareño estaba acusado en otro tribunal penal del oriente del país cuando supuestamente cometió este crimen.
 
Actualmente el caso está bajo el registro número S.P. 173-2014, con fecha 29 de septiembre de 2014, pues ingresó con recurso de casación en la Corte Suprema de Justicia, por quebrantamiento de forma, interpuesto por la abogada Lesly Sofía Medina, en su condición de defensora pública de Mascareño.
 

Caldera está clara que fue Mascareño quien le disparó, pero que hay personajes de renombre como autores intelectuales. “Se ha hecho una justicia parcial, es muy triste esto, es triste para su familia (de Andino Mascareño), triste para la mía, pero esto es una parte, hay más personas involucradas en este crimen”, manifestó Caldera.
 
Seguidamente exigió al Ministerio Público no olvidar a los hechos intelectuales. Según un testigo protegido, Mascareño se identificaba como Elmer Alexánder Figueroa Alvarenga, y quien había estado interno en el Hospital Escuela. Se investigó que Figueroa Alvarenga es un primo de Mascareño que vive en Oropolí, El Paraíso. Del otro tipo de la motocicleta los testigos solo vieron que andaba casco y camisa negra.
 
“Mascareño no es el homicida de Landaverde”
 
Pero no obstante a sentencia de primera instancia y a los testigos, José reiteró que Mascareño no está entre los homicidas porque él los conoce muy bien, son parte del grupo de sicarios del diputado.
 
Es más, aseguró que con la intervención policial es que lograron desviar las investigaciones de los verdaderos responsables, porque de esa manera es más difícil que logren llegar al verdadero autor intelectual.
 
Inteligencia para desviar atención
 

Casos como el de Landaverde, fueron planificados para dos objetivos, -según el sicario-, el primero eliminar a un testigo que conocía demasiado sobre el narcotráfico, y luego porque el momento era propicio para desviar la atención sobre el verdadero responsable, públicamente se podría responsabilizar a otro sector.
 
“Ese tipo de estrategias, -dice- la están usando los carteles a través de sus unidades de inteligencia y análisis que mantienen, pues van calculando los escenarios, momentos y personas que puedan ser ejecutadas. Y luego de ocurridos los crímenes, el personal de inteligencia y análisis es el que busca los personajes indicados, tanto investigadores como fiscales, para que desvíen totalmente la investigación de los casos, falseando pruebas y buscando a personas ajenas a los crímenes, aunque se busca que tengan algún vínculo y además historial criminal”.
 
“Por ese caso y el de un periodista, otras personas cayeron presas, se capturaron a personas inocentes, y se les amenazó para que se culparon o por lo menos que no hablaran, y están pagando condenas, fueron sobornados y amenazados, se lo digo como testigo, de las evidencias en contra de ellos, los detenidos, porque hay altos oficiales que son títeres de las pandillas y de los narcotraficantes, entonces a veces esos crímenes fueron para culpar hasta la misma policía”.
 
“El objetivo era distraer la atención, este señor que iba con la esposa sabía cosas directamente del diputado con el que yo trabaja, y de ahí vino la orden directamente, para matarlo y culpar a otro”.
 
En ese sentido, opinó que “no puede el país salir adelante si en el poder está la pudrición, no se puede, hay una cantidad exagerada de narcotraficantes reconocidos en el país. La persona con la que yo trabajaba daba el dinero, carros, logística y directamente ordenaba las ejecuciones”.
 
La policía muchas veces caía en la trampa, cuando queríamos distorsionar hechos, por ejemplo en 2010, en La Ceiba, cuando se produjo la muerte de un periodista, así como a otro funcionario que le dieron muerte cuando iba con su esposa, y salió a relucir, fue el crimen organizado”, pero no del sector que señalan las autoridades.
 
José no tiene contradicciones aparentes en su testimonio. Luego llegaron dos personas más al lugar, conocidos o escoltas de José, me indicó que era el momento de retirarse aunque luego me dijo que mejor me adelantara yo. José escribió un nombre en su mano izquierda pero ya no hizo ningún comentario, aunque antes me advirtió que es mejor olvidarlo.

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