Versión para impresiónVersión PDF
1
Bala militar, bala asesina
 
Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).-.Las botas del subteniente Josué Antonio Sierra se ubicaron cerca del cadáver, puso la boca de su fusil de reglamento en el cuerpo, del niño de 15 años, y le dio vuelta. La madrugada era fría. El joven estaba enredado en la  motocicleta. En ese instante se dieron cuenta... Uno de los militares le dijo a Sierra: “hijo de p…mataste a un niño”.
 

 
Carretera a la aldea Villa Vieja, al oriente de Tegucigalpa.

El cuerpo presentaba dos heridas. Una bala militar rozó superficialmente el costado derecho, la otra salió del fusil Prieto Beretta con serie A07384G, entró por un costado del cuerpo juvenil, llegó hasta la mandíbula; al pegar en este hueso, se fragmentó y recorrió el organismo del adolescente hasta alojarse en el cerebro ocasionando una hemorragia en el tallo cerebral, revelaría unos meses después el dictamen de autopsia.

 
Esa madrugada turbia del domingo 27 de mayo de 2012, el cuerpo del menor Ebed Yaassiel Yanes Cáceres cayó herido al inicio del callejón de tierra que desemboca en uno de los pocos cerros con pinos, ubicado al oriente de la capital.
 
Unos cien metros antes de llegar a la posta policial de Villa Vieja, el adolescente había doblado  tratando de escapar de los militares que disparaban con fusiles Prieto Beretta y M16.
 
Lo perseguían desde unos kilómetros más abajo porque había evadido un retén militar, instalado desde la noche del sábado 26 de mayo en la colonia Los Pinos, conformado por elementos del Comando de Fuerzas Especiales, Fuerza Naval, Primer y Segundo Batallón de Infantería, Primer Batallón de Artillería y Primer Batallón de Fuerzas Especiales. 
 
En las comparecencias públicas, el entonces presidente Porfirio Lobo Sosa, salía sonriente prometiendo seguridad y decía que estos operativos, de la “Operación Relámpago”, eran combinados entre policías y militares para proteger la vida.  Contradictoriamente esa noche en que acabaron con una vida, sólo había militares.  
 
No hay ninguna evidencia en los Libros de Novedades policiales que haga constar que esta operación era combinada, unas horas antes, a las 21 horas solamente hubo un operativo policial, pero a la altura de la Posta de Villa Vieja.
 
El padre de la víctima, Wilfredo Yanes, quiso denunciar ante el entonces Comisionado Nacional de Derechos Humanos, Ramón Custodio, que los militares mataron a su hijo, pero el comisionado se negó a recibirlo. 
 
2
Un testigo a contraluz 
 
Desde el inicio del cerro, esa madrugada fresca, cualquiera pudo ver, sin ser detectado, el momento en que militares dispararon con sus armas estatales y oír el estruendo de la tierra y las piedras cayendo sobre el techado de las casas.
 

 
Wilfredo Yanez muestra la fotografía de su hijo asesinado.

El estallido de los disparos provocó terror en los vecinos, unas mujeres se tiraron al suelo aterradas. Sólo unos días antes habían emigrado de otra colonia, escapando de la violencia; otros vecinos despertaron abruptamente, asustados.

 
Una persona que no quiso hablar con las autoridades, por miedo, contó a Conexihon las escenas temibles que vivieron esa madrugada.
 
“Vi un carro grande, era un carro muy grande, tipo paila, vi hombres encapuchados, vestidos con traje moteado. Los hombres caminaban apuntando con los fusiles revisando las tres entradas”.
 
Desde el cerro, las tres entradas se ven como una cruz porque hay una vereda a la derecha, otra a la izquierda y la de en medio en cuyo umbral quedó el cuerpo del menor. 
 
“Los encapuchados buscaban si alguien los vio cometer el crimen y después se fueron”, recordó el testigo. 
 
“Llegaron en un carro grande que parecía ambulancia y que tenía una sirena con luces de colores en la parte de arriba”.  En su descripción, el testigo parece hablar de una sirena policial, sin embargo las patrullas militares no andan sirenas y el único vehículo que coincide con esas características es una Patrulla de Carretera de la Unidad Metropolitana de la Policía número 4 que depende de la colonia Kennedy y que tiene jurisdicción en la posta de Villa Vieja. 
 
No obstante, la Jefatura de la colonia Kennedy –según constató Conexihon- registró este hecho hasta a las 4:45 de la madrugada del 27 de mayo de 2012, la patrulla 74 tomó nota de la muerte indeterminada de una persona de unos 20 años y la policía asegura que no tuvo conocimiento inmediato de las circunstancias de esta madrugada, de acuerdo con el Libro de Novedades.
 
Otro testigo, denominado Derechos Humanos, llamado así por la Fiscalía, vio el carro conducido de retroceso, por la bocacalle, y a los militares que se bajaron para recoger los casquillos de la escena del crimen.
 
Los testigos, A1 y A3, declararon en el juicio que Sierra les ordenó recoger los casquillos, le reportó lo sucedido al Alférez de Fragata, José Emiliano Novoa Fúnez y que después de cometer el crimen, los mandaron hacia las instalaciones del Instituto Hondureño de Mercadeo Agrícola (IHMA), donde estaba la base de toda la operación. 
 
En el recorrido de Villa Vieja hacia el IHMA iban botando los casquillos que recogieron de la escena del crimen. Los cartuchos fueron tirados cerca de la zona popularmente conocida como “Villas del Sol", en las cercanías de ese centro comercial también hubo otra muerta esta madrugada. La víctima fue identificada como Javier Antonio Escobar Martínez, por disparos de arma de fuego.
Hechores y móviles, en proceso de investigación, dice el Libro de Novedades Policiales.
 
Según cuatro Testigos Protegidos, cuando llegaron a la base del IHMA, Sierra les solicitó a sus subalternos guardar silencio.
 
Tres de los militares acusados por el crimen  contra el menor.

Ese instante fue sólo el inicio de un hilo vertical de supuesto encubrimiento que envolvió a altas esferas de las Fuerzas Armadas de Honduras como la seda de telaraña que se pega en la piel. Hasta efectivos que van a misiones oficiales en Estados Unidos resultaron implicados en el caso.

 
Después del crimen, el Testigo A1 declaró: “el subteniente Sierra, al mando del operativo, reportó el hecho al coronel Girón (Juan Rubén Girón Reyes) que había matado al muchacho de la moto, inmediatamente a todos los soldados les ordenó regresar a la sede del operativo y en el IHMA, los coroneles les dijeron lo que tenían que declarar”.
 
 “Altos oficiales ordenaron ocultar los hechos”, sostuvo el Testigo protegido A1, en el juicio en el que se condenó al sargento, Eleazar Abimael Rodríguez Martínez, por homicidio. 
 
La Fiscalía probó que el sargento, el único condenado por este crimen, portaba el fusil Prieto Beretta con serie A07384G del que salió la bala homicida.
 
En el mismo juicio, el Tribunal de Sentencia declaró como hechos probados que también cometieron homicidio, el cabo, Felipe de Jesús Rodríguez y el subteniente, Josué Antonio Sierra, pero no los podían condenar porque la Fiscalía no los acusó, sentenciaron los jueces.
 
3
Dos coroneles y cuatro oficiales de las FF. AA
 
El Alférez de Fragata, José Emiliano Novoa Fúnez, era el encargado del operativo de este sábado por la noche, según la Fiscalía.  En declaración judicial dijo que él estaba a cargo de la operación. En un informe interno de las Fuerzas Armadas, hecho por el Alférez de Fragata, escribió que el ofendido pasó a bordo de una moto y se hicieron disparos al suelo sin ocasionar daños, según se evacuó como prueba en el juicio oral y público por el homicidio del adolescente.
 
Los testigos dijeron que correspondía dar cuenta del crimen a su superior, al subteniente Sierra, y así lo hizo. Se lo reportó al alférez Novoa Fúnez y al coronel Girón.
 
Esa noche, el siguiente en la cadena de mando era el teniente coronel Juan Rubén Girón Reyes, encargado de la supervisión.  Ambos omitieron denunciar el hecho, por eso la Fiscalía los acusó.
 
Más arriba en la cadena de mando estaba el coronel de Artillería, Raynel Enrique Fúnez Ponce, comandante del Batallón de Fuerzas Especiales. En el interrogatorio fiscal, el coronel Fúnez Ponce declaró que andaba de viaje en Estados Unidos. 
 
El lunes de 28 de mayo se reintegró a sus labores y el 29 de mayo, le reportaron la novedad acontecida con el personal de la Operación Relámpago, dijo el coronel, pero el Testigo Protegido A1 lo implicó en la supuesta maraña de ocultamiento de evidencia.
 
¿Diga una cosa, testigo protegido, quién les cambió las armas a ustedes?, consultó el fiscal, cuando tomaba la declaración en calidad de Prueba Anticipada.
 
El testigo respondió: “fue el comandante de nosotros, el coronel Fúnez. ¿Por qué razón les cambió las armas? No sé, eso  fue en la noche del día lunes. ¿Cuando les cambiaron las armas, les asignaron otras armas? Sí, nos asignaron otras armas y eso fue en el momento. ¿Sabe usted para dónde se llevaron esas armas? Sí al batallón de Fuerzas Especiales que se ubica en La Venta, carretera que conduce a Olancho. ¿Más o menos a qué hora fue el cambio de arma? Fue el día lunes, como a eso de las 7:30 de la noche”. ¿Cuál es el nombre del coronel Fúnez? No lo sé. Sólo sé que es un Fúnez Ponce, asignado al Primer Batallón de Fuerzas Especiales en La Venta. ¿Exactamente por qué dice usted que se les cambió las armas para evadir el problema a efecto si se investiga algo? Creo que esa es la intención para que no nos culparan de este hecho…eso quien lo dijo fue el Coronel Fúnez y él dijo que dijéramos que sólo estuvimos en la Ulloa, en la Honduras y luego al IHMA. Y él nos dijo que en el carro había 10 armas que las cambiáramos y que dejáramos las que andábamos”. 
 
El coronel Fúnez Ponce dice en un documento que escribió para la Escuela Naval de Postgrado de Monterrey, California que “hay pocas cosas que pueden crear un miedo tan profundo en la sociedad como la violencia terrorista…” y precisamente terror fue el que sintieron los vecinos de la colonia Villa Vieja esta noche.
 
Durante los interrogatorios, los altos mandos se señalaban entre sí para evadir la responsabilidad de haber entregado un lote distinto de armas.
 
“Hago la aclaración que los supuestos implicados estaban asignados bajo el mando de operaciones Relámpago y dirigida por el coronel Jesús Alberto Marmol Yánez, desde el 1 de mayo, ubicado en el IHMA de la colonia Kennedy”, dijo Fúnez Ponce. 
 
Esta era otra de las cabezas de la operación militar de esa noche: Marmol Yánez, el otro comandante del Batallón de Fuerzas Especiales y también coronel de Artillería.
 
La Fiscalía dio también con el sub comandante del Primer Batallón de Fuerzas Especiales, teniente coronel Mariano Mendoza Maradiaga y con el asesor legal de Auditoría Jurídico Militar, el mayor retirado Juan José Flores Álvarez, fueron acusados por supuesto encubrimiento y abuso de autoridad.
 
Mendoza Maradiaga declaró que esa noche estaba con fin de semana, pero no anotó su salida en ningún libro porque es un rol interno. Su jefe era el coronel Fúnez Ponce. El día de los hechos el comandante de la Operación era Mármol Yánez, depuso.
 
Por su parte, en su declaración, Mármol Yánez dijo que cuando la Fiscalía requirió las armas dio la instrucción a la unidad para que las remitiera y hubo un desfase porque los militares tienen diversidad de armas asignadas. ¿Sabe usted quién puso a la orden de la Fiscalía el día 7 de junio las primeras armas?, consultó la Fiscalía, el coronel respondió que el comandante de la unidad, el coronel Fúnez Ponce.
 
A todos ellos, excepto al coronel retirado Flores Álvarez, al teniente coronel, Mendoza Maradiaga y al mayor retirado, Flores Álvarez,  el Juzgado de Letras de lo Penal de la Sección Judicial de Tegucigalpa les dio auto de prisión porque encontró indicio racional de encubrimiento, empero la Corte Primera de Apelaciones revocó el fallo y ahora el caso pasará a la Corte Suprema de Justicia. 
 
4
“…Que guardáramos silencio”
 
El Testigo A3 corroboró la orden que recibió para decir que esa noche solamente estuvieron en las colonias La Ulloa y La Honduras. Todos coincidieron ante los tribunales penales del país que recibieron órdenes de guardar silencio.
 
El oficial, Josué Antonio Sierra, aún siendo homicida –como lo catalogó el Tribunal de Sentencia- estuvo entre el público durante el juicio y ya no como imputado.

Cuando la Fiscalía pidió que le remitieran las armas utilizadas esa noche, el lote de armas que remitieron tanto Marmol Yánez como Funes Ponce fueron distintas a las utilizadas la noche del crimen, indica la acusación criminal. 

 
Con  las declaraciones de Testigos Protegidos A3 y A1 se verificó que el listado de armas y el decomiso de las mismas no correspondían a las características de las que tenían asignadas cuando estuvieron ubicados en la salida hacia Danlí. Específicamente en el retén de la colonia Los Pinos, planteó la Fiscalía en la investigación.
 
En el Libro de Novedades de Control y de Equipo de Armas del Comando de Operaciones Especiales, la Fiscalía constató el tipo de armas, asignadas a los imputados. El 12 de junio fue puesto a disposición de la Fiscalía otro texto, entre el cual estaba el arma homicida.
 
 “Les cambiaron las armas para evadir las pruebas de balística, cambiaron el listado y elaboraron otro con nuevos números de serie, reveló el Testigo A1”, según la Fiscalía.
 
La declaración de A1 se complementa con el hecho de que desde las Fuerzas Armadas, los peritos forenses recibieron un lote distinto al utilizado la noche del crimen. Por eso, los Laboratorios de Balística de Medicina Forense tuvieron que hacer la comparación balística de 24 armas de fuego, entre estas, 17 fusiles M16, marca COLT; cuatro fusiles Prieto Beretta, tres armas de fuego, marca Browning, calibre 9 milímetros; en la búsqueda del arma homicida, dice una acusación de la Fiscalía contra dos coroneles, dos tenientes coroneles, un mayor retirado y un alférez de fragata.
 
Hubo manipulación para que no se pudiera identificar a los culpables que participaron en el homicidio del menor, concluyó la Fiscalía.
 
Nada de esto se conocería sino hubiese sido porque desde la mañana siguiente, el padre de la víctima Wilfredo Yanes se juró que, aunque es cristiano, no iba a dejar impune la muerte de su hijo.
 
Empezó a buscar los testigos y ellos le contaron cómo uno de los militares le dijo al oficial Sierra: “hijo de p..mataste a un niño”. Hasta ese momento don Wilfredo Yanes no sabía todo lo que estaba por venir.