Antes de su muerte, el clima en Candelaria estaba agitada por la toma del centro de Salud, la comunidad protestó porque no miraban resultados de la descentralización del sistema, manejado por la Mancomunidad de Mocalempa.
Candelaria, Lempira (Conexihon).- El último entrevistado de Nery Jeremías Orellana, fue Sotero Flores, un campesino que habla claro, sin rodeos; tiene pocos dientes y la tierra del campo que labra en la madrugada la lleva en las uñas y en el sombrero raído.
Dos años después del asesinato de Jeremías, él rememoró el pleito que había por la forma en que se manejaba el sistema de salud de Candelaria y por el edificio donde opera el Comité Central Pro-Agua y Desarrollo Integral de Lempira (Cocepradil), instalación que quedó en manos del Partido Nacional.
“La denuncia de ese día, fue por el ataque que nos hicieron el 7 de julio, a las propias 12:00 de la noche, nosotros estábamos en un esfuerzo porque no nos abatieran (quitaran) el derecho. Acá sufrimos porque los políticos mayoritarios, los que dirigen el Partido Nacional nos tienen manipulados, quienes quieren mandar son ellos, ellos quieren hacer y deshacer”.
“Ese es un edificio que lo hicimos a través de un proyecto de agua y ahí podía llegar cualquier institución u organización para hacer una sesión y si necesita hospedaje. Pero ese día se esclareció y se dijo que nosotros ahí no teníamos derecho de entrar, si queremos entrar tenemos que pagar y si queremos entrar para hacer una denuncia pública no nos dan lugar”, comentó.
Esta es la sede de Cocepradil, centro de la polémica
cuando fue asesinado Nery Jeremías Orellana.
-¿Quién es el dirigente que dijo eso así?, se le consultó a Sotero Flores.
- “El ingeniero Leonel Amaya, esclareció todo”.
“Ahí entra la organización Mocalempa (Una mancomunidad de Municipios del Sur de Lempira, situados entre los ríos Mocal y Lempa: Mapulaca, La Virtud, Virginia y Piraera –organización dirigida por el Partido Nacional-). Ahí se estaba viendo que a uno lo atendían, así para que no se dijera (para disimular) y si uno iba por caso de emergencia, lo mandaban para la farmacia y solo la recetía (receta de medicamentos) nomás y cabal”, dijo Sotero.

“Debido a eso tuvimos que unirnos todas las comunidades del municipio a verificar eso y a ellos no les gustó. Entonces en el momento lo que hicieron fue atacarnos y sentenciarnos a muerte porque ese día atacaron, yo solo vi tres, los que conocí (identifiqué) fueron dos, conocí a Leonel Amaya y a Will Ramos, que trabaja en Cocepradil”.
“Lo que pedíamos era que entrara
medicina buena para el pueblo...”
Las sentencias más fuertes fueron para el sacerdote Amílcar Lara, “Ahí lo dijeron pues clarito, al sacerdote Amílcar le dijeron que no lo mataban otros sino que ellos, que en Candelaria quien mandaba era Will Ramos y Leonel Amaya".
"No vayan a meterse a Cocepradil porque quién los va a sacar a balas somos nosotros, nosotros estamos armados a lo último (con armas de grueso calíbre). ¡Clarito! Estamos armados a lo último", relató Sotero.
Ese día del ataque, “estábamos acostados, "primero me atacaron a mí y me dijeron que a mí no me comían (mataban) otros, sino que ellos y el ataque fue a las propias 12:00 de la noche, nos querían romper el portón. No teníamos ni una arma, sólo el alma de Dios, nosotros cuidando el derecho estábamos, lo que pedíamos era que entrara medicina buena para el pueblo no que estuvieran engañando a la gente".
"Entonces lo que ese día hicieron fue atacarnos a las propias 12 de la noche, estábamos acostados, la línea de muchachos”, cuenta y dibujando una línea imaginaria en el suelo.
“De los mayores sólo éramos tres: don Marcos Martínez, Inocente Martínez y yo y de ahí sólo era chavalada (jóvenes), ellos los que hicieron se cortaron de espíritu (escaparon) y rompieron el portón”.
El Centro de Salud que fue escenario de una confrontación,
ocho días antes de la muerte de Nery Jeremías.
Según Amaya primero rompieron el pabellón haciéndolo garras, por lo que al escuchar el estruendo se levantó sin zapatos y despertó al resto de los ocupantes.
“Señores levántense, -les dijó-, que nos llevan el pabellón. Hasta una canción nos pusieron de asesinatos. A todo volumen en un carro blanco de lujo que tenía Leonel. No sé si lo tendrá todavía”, cuenta Sotero.
“Después de eso me enfrenté, tuve que enfrentarme, don Leonel: Disculpe yo creo que usted es un profesional, pero ahora lo creo que usted no es un profesional, ahora usted es un hombre brusco ¿por qué rompe el pabellón?”, le preguntó don Sotero.
Según la denuncia de Sotero, esa noche del conflicto vio a varios hombres armados. “Debido a eso, tuve que hacer la denuncia en la radio”. Al día siguiente Sotero le dio una entrevista a Nery Jeremías, asesinado ocho días después de la transmisión.
Lo mataron después de denunciar
“corrupción” en descentralización
Conexihon buscó la versión de Leonel Amaya, entramos a su casa con un pasillo, que da acceso a un patio de cemento, rodeado de varios cuartos, parecía una vivienda solitaria. En la entrada, antes del pasillo había unas gradas para subir a una segunda planta, con un portón negro cerrado que impedía el paso a otro pasillo con varias habitaciones. Una joven salió y dijo que don Leonel estaba fuera de Candelaria, le dejamos los números y datos de contacto para obtener su versión. Seguimos esperando su llamada.
Esta foto aparece en la entrada de Radio Joconguera.
“Él murió en un conflicto que había, tocando intereses grandes, había una toma de una clínica en ese momento, donde el pueblo se había tomado la clínica disconforme por la manera como estaba manejando el sistema de salud en el municipio. El Estado descentralizó los fondos para determinado grupo de personas y se hablaba de varios millones de lempiras”, sostuvo el edil de Candelaria, Manuel Bonilla.
La Secretaría de Salud regulaba los servicios de salud de la zona, pero descentralizó fondos para la Mancomunidad de Mocalempa -que comprende los municipios de La Virtud, Mapulapa, Virginia, Piraera- y Candelaria no estaba en ese momento dentro de la mancomunidad, “pero el Estado le impuso que la salud de Candelaria la manejara la Mocalempa, ahí se generó conflicto porque había mucha plata de por medio, muchos negocios oscuros, unos 10 millones de lempiras por año, había corrupción y cuando se empezó a tocar esos intereses por ahí vino el problema”, denunció Bonilla.La mancomunidad de Mocalempa es manejada por una unidad técnica que sólo la han sostenido dos alcaldes, el alcalde de Piraera y el de La Virtud, que son del partido de gobierno, Bernardo Gonzáles y Arnulfo Rodríguez, respectivamente, declaró Bonilla.
“Más bien cuando a mí me avisaron, Nery ya estaba muerto, dentro del problema que había en la comunidad, Nery trató de sacar información de lo que estaba pasando y creemos que ese fue el causal”, sostuvo.
El ex alcalde de Candelaria, Javier Gámez Pineda, ratificó que cuando falleció Nery Jeremías había un conflicto en salud. “El conflicto era que la población quería que se informará que estaba pasando con la administración de un proyecto descentralizado de salud de la Secretaría con las mancomunidades, que inició como desde 2004. Lo único es que estaba descentralizado en regiones y después ya los descentralizaron a las mancomunidades y como no había mucha comunicación, entonces la gente se formaba expectativas. Nery transmitía esto que estaba pasando”, dijo Gámez.
La descentralización del proyecto de salud traería beneficios para reducir las infecciones respiratorias, diarreas, tos, y problemas maternos, según las promesas de los políticos, pero la población sentía que eso no estaba ocurriendo. “El pleito era porque los fondos eran para medicina y atención y no hubo nada de eso”, describió Gámez.

Unos días antes de la muerte de Nery Jeremías, el conflicto estaba caliente en la zona, hubo amenazas para el párroco de la comunidad y hasta el alcalde recibió 14 mensajes en lo que le decían que si seguía luchando por la causa de la clínica, lo iban a matar.
Trasladan sacerdote Amílcar Lara
El ex obispo de la Diócesis de Occidente, Alfonso Santos, que removió al párroco Amílcar Lara de Candelaria después del asesinato de Orellana Díaz, reveló los motivos que tuvo para hacerlo. “Ya con la muerte de Jeremías, más fácil podrían ocurrir otras muertes, por eso removí al padre Amílcar de la zona”, comentó.
Santos explicó que en Candelaria, la organización Catholic Relief Service (CRS) Honduras implementó el Comité Central Pro-Agua y Desarrollo Integral de Lempira (Cocepradil).
Cocepradil es una organización para dotar de agua potable a la gente del casco urbano y de las aldeas, hubo proyectos grandes hasta de seis millones de dólares, explicó. CRS obtiene ayuda de los países del norte de Europa y de Estados Unidos.
“Estos hombres que estaban en Cocepradil parece que tienen militancia en el Partido Nacional y tanto es así que por las amenazas al Padre Amílcar y la queja que puse al director de CSR se les quitaron las ayudas”, pero aparentemente siguen siendo apoyados por Juan Orlando Hernández, que es ahora el candidato del Partido Nacional en el poder, eso debe investigarse, apuntó el sacerdote Santos.
“En ese tiempo que ocurrieron esos hechos parece que están protegidos desde arriba porque hay un señor de ahí que trabaja en CRS que apoya a esta gente de Cocepradil y los sigue apoyando todavía, por ahí habría que investigar”, sugirió.
“Te van a cortar la lengua”
Otro que estaba amenazado, era Hernán Castro, entonces reportero de Radio Joconguera, ahora ocupa el puesto que ocupaba Nery Jeremías. Es el nuevo administrador. Castro cuenta que un policía sirvió de mensajero para decirle que los uniformados le mandaban a decir que le iban a “cortar la lengua”.
Hernán Castro, corresponsal de Radio Joconguera, estaba
amenazado cuando mataron a Nery Jeremías.
Castro indicó que en el marco del golpe de Estado se estaba manipulando la información a nivel nacional por algunos medios, la Joconguera trató de denunciar esa situación y luego a nivel local se empezaron a hacer denuncias de algunas instituciones que no estaban operando bien en el municipio, y el padre Amílcar jugó un papel muy importante en este asunto, relató.
Según Castro, la radio hizo “la denuncia a nivel local donde algunas instituciones que solicitaban o pedían ayuda para proyectos para favorecer a la clase pobre, pero nunca se reflejó en nada, nunca rindieron cuentas, nadie sabe cómo se ha manipulado y no se ve el resultado. Y también la parte de salud la denunciábamos, la clínica materno infantil en Candelaria de la Mancomunidad de Mocalempa que metieron a Candelaria en Mocalempa cuando no pertenece a esa mancomunidad, pero como era el municipio que más partos reportaba entonces eso generaba más ganancia para la mancomunidad”.
Otro extraño asesinato…
Sólo dos meses y diez después del asesinato contra Nery Jeremías, que residía en la aldea San Lorenzo, sujetos con un modus operandi de sicarios acribillaron en su casa a Calixto Rodríguez.
Según versiones que circulan en el pueblo, esta muerte estaría ligada al crimen del comunicador, pero la fiscal Coordinadora del Ministerio Público de Gracias indicó que no pueden asegurar que el asesinato de Calixto Rodríguez, fallecido violentamente el 24 de septiembre de 2011, esté ligado al crimen contra Nery Jeremías. La fiscal aseguró que de nada sirve un rumor si la gente no está dispuesta a ir a declarar en el juzgado. La Fiscal tampoco se pronunció sobre la posibilidad de que otro de los supuestos hechores materiales huyó hacia otro departamento.
Según el acta de levantamiento del cadáver, cuya copia consta en los archivos de C-Libre, hombres desconocidos llegaron a su casa y lo mataron delante de su familia, portaban armas calibre nueve milímetros.
“El cadáver se encontró tirado boca abajo, en el corredor de su propia casa”, escribió la policía en su informe. Su esposa, Vilma Apolonia Mejía, le dijo a los policías que a eso de las 7:00 de la mañana del 24 de septiembre de 2011, llegaron dos hombres desconocidos “los cuales le manifestaron que andaban de goma y que lo que querían era que les vendieran un trago, pero su esposo les dijo que él no tenía y hasta les puso un asiento para que descansaran”, luego los dos le dispararon al mismo tiempo. La Policía encontró diez casquillos de nueve milímetros en la escena cuando realizaron el levantamiento legal.
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