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Estado hondureño debe proteger la vida de periodistas de Radio Globo
Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).- El asesinato de cinco personas que estaban o estuvieron ligadas laboralmente a radio y TV Globo, las amenazas, querellas, secuestros y estigmatización forman parte del quehacer de los reporteros de esta radiodifusora.
 

 
Intervención militar y policial de Radio Globo en 2009.

Erick Arriaga, Juan Carlos Argeñal, Aníbal Barrow, el secuestro de Manuel de Jesús Murillo Varela, siendo camarógrafo de esta casa radial, su posterior asesinato cuando ya había salido y el asesinato de Luz Marina Paz Villalobos, siendo reportera del Cadena Hondureña de Noticia (CHN) y unos meses antes de su crimen laboraba para la Globo, conforman el panorama de censura extrema en este medio.

 
Hasta ahora el Estado carece de medidas eficaces para mitigar el riesgo de los reporteros, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), como ente responsable, tampoco ha ofrecido cursos de autoprotección para los periodistas que trabajan sin seguro de vida.
 

 
David Romero, director de Radio Globo.

El director de Radio Globo, David Romero, director de Radio y Globo TV, manifestó que tanto el crimen contra Arriaga como el asesinato de la hija del periodista de Rony Espinoza, Merelyn Espinoza, podrían estar encaminadas a generar temor.

 
Terror para la prensa

 
Periodista Lidieth Díaz.

“Luego queremos y hemos llegado a la conclusión que son dos muertes más que quedan en la impunidad y ahí si nos preocupan, cuando vemos que no hay una investigación a fondo, profunda, sin resultados, entonces llama más la atención, y lo vamos sacando del contexto de la violencia y vemos que hay indicios que señalan que podrían estar encaminados a generar temor, algún tipo de miedo, no solo a los periodistas de radio o Globo TV, sino al gremio en general, porque van tocando lo más sensible de un medio, en el caso de la hija de Rony era sana, hay un informe de Medicina Forense que dice quién era, y hasta el momento no hay explicación de quien la mató, la dejaron sin homicida, causas desconocidas, solo se sabe que fue secuestrada”.

 
En el caso de Erick, también un muchacho sano, sin amenazas, ni vinculaciones, de repente llegan y lo matan, “desconocemos una investigación con resultados oficiales, hemos indagado, no se sabe nada, está en proceso de investigación, mucha gente vio cuando le dispararon pero nadie sabe ni porqué”.
 
Este tipo de casos, en ese sentido, “si nos generan temor que podrían ser dirigidos, no queremos creerlo pero mientras los cuerpos de investigación no nos den una respuesta satisfactoria sospechamos que son como amenazas al medio”.
 
Periodista Julio Ernesto Alvarado.

Romero fue del criterio que ese tipo de amenazas no pueden limitar el derecho de informar, “lo que les decimos a los muchachos es que anden ojo al Cristo, todos somos vulnerables y podemos ser víctimas, de manera directa o indirecta, aquí no se tocan los hígados para matar un periodista, por cualquier causa, les he dicho cuídense porque no tenemos protección de la policía, del Ministerio Público, nunca la policía se nos acercó para tratar de dialogar con nosotros para saber si estamos preocupados, fueron muertes seguidas y Seguridad tampoco nos ha dado seguridad ni protección, los periodistas andan a la gracia de Dios”.


 
Periodista Cesar Silva junto a Rony Espinoza, en la morgue capitalina.

“A nivel de medio tampoco se toman medidas, todos estamos expuestos, estas muertes pueden ser una conducta para atemorizar porque hasta el dueño ando solo como nosotros, pese a que el medio tiene medidas cautelares y cinco de nosotros también tenemos medidas cautelares, César Silva, Alejandro Villatoro, Julio Ernesto, Rony Martínez y su servidor, no sabemos qué es eso porque ni el medio ni nosotros tenemos protección alguna, deberían proteger el edificio como lo hacen con Canal 10 o Canal 5”, demandó.

 
Uno de los casos más aterradores para la prensa fue el de Barrow, su desaparición y la atrocidad con que quisieron desaparecer su cadáver se mantuvo en la prensa por ocho días, como si se tratara del mercadeo de asesinatos de terror.

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