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Las relaciones financieras y políticas globales durante el 2016  han seguido su curso de imposiciones y estrategia generadoras de violencia social, ante la reduccionista visión de las elites multinacionales de generar resultados macroeconómicos. La guerra en Siria con 6 años de cruentos combates sigue siendo un reto para lograr un desenlace alentador para las poblaciones de su territorio. Aunque el 29 de diciembre a las 22 horas comenzó el cese al fuego –no aplica para los islamistas de ISIS-el conflicto sigue vigente, este hecho demuestra una evidente estrategia del Kremlin para sostener su influencia en mar negro ante la agresiva actitud de Washington y sus aliados europeos. Moscú logró poner en jaque la posición de Turquía en el conflicto, con un ejército controlado por la OTAN el régimen que dirige Erdogan se vio obligado a pactar con Moscú ante la amenaza de la autonomía kurda en sus fronteras. El conflicto seguirá en este 2017 en esa escabrosa frontera geopolítica entre el poder occidental y las alianzas orientales. 
 
En América Latina las derechas trabajan por profundizar las rentas corporativas que les genera el modelo neoliberal, se han lanzado en una bien orquestada embestida contra los gobiernos nacionalistas y con programas institucionales de corte socialista. En Estados Unidos –al igual que  Inglaterra- el “nacionalismo” heredero de la “crisis”  o “reacomodos financieros” hizo que las poblaciones blancas rurales y muchas clases medias votaran por un outsair neoliberal, Donald Trump. 
 
En Honduras se inició el 2016 con la “mafiosa” selección de los 15 magistrados para Corte Suprema de Justicia en una sintomática actitud del actual régimen político que desde 2010 trabaja en contubernio con las elites económicas para instar un continuismo lesionador de derechos ciudadanos y garante para la explotación leonina en beneficio de capital multinacional y de un reducido grupo de capitalistas “nacionales”. En esta lógica de imposiciones de transacciones de los recursos naturales de territorio el Estado y grupos financieros decidieron asesinar a la líder popular Berta Cáceres el 3 de marzo de 2016. Berta una mujer formada y con un amplio liderazgo en defensa de los derechos indígenas y la luchas contra el saqueo neoliberal era un militante política de respeto y capacidad organizativa – el poeta Fabricio Estrada en algún momento del año 2010 expresó “Berta sería la presidenta ideal para la Honduras liberada”- que ponía en zozobra a los grupos de dominio ecónomo y político del país. Es que el trabajo de Berta retaba el poderío de familias financieras como los Átala o cúpulas políticas como la cocesionaria presidenta del partido Nacional, Gladis Aurora López.
 
En Honduras el camino de la reelección de JOH y la continuidad del régimen del partido nacional son la cara de un levitan alimentado por la ira mezquina de los grupos financieros y por los retardatarios partidos políticos impregnados de una colonial “moralidad” e hipocresía ha sumergido la nación por el camino de la violencia y la exclusión social. El régimen que dirige JOH ha chantajeado y ha burlado la decadente institucionalidad jurídica al garantizar la impunidad y dilatar el proceso de investigación contra elites involucradas en corrupción. La MACCIH está en un limbo, claro que la OEA tiene presión para dar algunos resultados, pero serán los chivos expiatorios ante un descomunal engranaje de corrupción y clienta que domina la nación, que ni los “jalones de orjeas” de Washington con las extradiciones podrá cambiar.
 
Al final EEUU necesita aliados para seguir dominado la región, es vital  mantener la hegemonía de su “colonia no declarada”. 
 
El 2016 despidió al líder revolucionario Fidel Castro, símbolo de coherencia política en la lucha por transformar estructuralmente las relaciones humanas en el planeta, él se fue físicamente, pero los gérmenes de construir una sociedad igualitaria frente la destructiva lógica sistémica capitalista siguen más vigentes que nunca. 2017 llega en el perene devenir de nuestra era contemporánea de enfrentarse a  la destrucción y de soñar la justica en el planeta.